Libertad, es un concepto algo filosófico
sin embargo está arraigado en los átomos de la humanidad, es por el cual muchos
han dado todo lo que tienen, inclusive hasta sus propias vidas, algunos dicen
que es más fuerte que el amor y yo pienso igual que ellos, cuando escucho la
palabra Libertad viene a mi mente muchos nombres de aquellos que han luchado
por ella y más aun los que han muerto por ella, sin duda alguna el más célebre
de estos nombres es Simón Bolívar, pero no podemos olvidar a Antonio José de
Sucre y más allá de nuestras fronteras a personajes como Martin Luther King,
Gandhi y Mandela, estos hombres dieron sus vidas por la causa de la Libertad
pero hoy quiero que no se recuerde tan solo a estos grandes, sino también a los
pequeños, aquellos que sin protagonismo derramaron sudor y sangre en nombre de
la Libertad.
Aquellos que sin más que sus
manos blancas, sus morrales llenos de sueños, sus pieles gastadas por el sol,
su amistad y hermandad juntas como el carbon y el hierro para formar el
imponente acero y su espíritu inquebrantable, han luchado y en este día continúan
luchando por ti, por ellos, por todos, por la Libertad, aquella Libertad que
nos ha sido sesgada por la canallada y la traición de un grupos de Venezolanos
que hoy están en el poder y que alegan que existe Libertad, pero ellos son una
mentira y por lo tanto todo lo que dicen. No se puede llamar Libertad cuando
censuran la información, no se puede llamar Libertad cuando encarcelan a aquellos
que tienen un pensamiento distinto, no se puede llamar Libertad cuando, tienen
bajo su sombra a grupos armados para asesinar, no se puede llamar Libertad
cuando no encuentras leche para tus niños, no, no y mil veces no, La Libertad es plena o no es Libertad.
La fuerza que mueve a los
estudiantes en este día, es más fuerte
que la represión del gobierno, más fuerte que balas de los colectivos de la
muerte y esa fuerza es la esperanza de luchar por un futuro, la voluntad de
creer que su lucha es noble y que su sacrificio no será en vano. Ellos saben y están
convencidos que es ahora el momento histórico de devolver la tan ansiada Libertad,
obtenida por nuestros próceres y hoy secuestrada por traidores.
En honor a Martin Luther King, me
voy a tomar la Libertad de adaptar su célebre discurso “yo tengo un sueño” en vista de que considero se acopla totalmente
a la situación de Venezuela.
Hace años, un gran venezolano llamado Simón
Bolívar dio hasta su último aliento, para que la Libertad fuera un faro de
esperanza para millones de venezolanos.
Pero 200 años después, debemos enfrentar
el hecho trágico de que el venezolano ha vuelto a la cautividad. Doscientos años
después, la vida del venezolano se ha tornado trágica por los grilletes de la
discriminación política. Doscientos años después, el venezolano vive en una
solitaria isla de pobreza en medio de un vasto océano de petróleo.
La lucha que se libra hoy en las calles de
Venezuela es en parte para recordarle de la feroz urgencia del ahora. Este no
es tiempo para entrar en el lujo del enfriamiento o para tomar la droga
tranquilizadora del gradualismo. Ahora es el tiempo de elevarnos del oscuro y
desolado valle de la pobreza y la discriminación política hacia el iluminado
camino de la justicia. Ahora es el tiempo de elevar nuestra nación de las
arenas movedizas de la injusticia hacia la sólida roca de la hermandad. Ahora
es el tiempo de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios.
Sería fatal para la nación el no percatar
la urgencia del momento. Esta sofocante batalla del legítimo descontento del
venezolano no terminará hasta que venga una paz revitalizadora de libertad e
igualdad. 2014 no es un fin, sino un principio. Aquellos que piensan que el venezolano
sólo necesita evacuar frustración y que ahora permanecerá contento, tendrán un
rudo despertar si la nación regresa a su rutina habitual.
No habrá ni descanso ni tranquilidad en Gobierno
hasta que el venezolano tenga garantizados sus derechos de ciudadano. Los
remolinos de la revuelta continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación
hasta que emerja el esplendoroso día de la justicia y del progreso.
Pero hay algo que debo decir a mi gente
que están en las calles batallando, que en el proceso de ganar nuestro justo
lugar no deberemos ser culpables de hechos erróneos. No saciemos nuestra sed de
Libertad tomando de la copa de la amargura y el odio. Siempre debemos conducir
nuestra lucha en el elevado plano de la dignidad y la disciplina. No debemos
permitir que nuestra protesta creativa degenere en la violencia física. Una y
otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas de la resistencia a la
fuerza física con la fuerza del alma.
Esta nueva militancia maravillosa que ha
abrazado a la comunidad venezolana no debe conducir a la desconfianza de los que
no comparten nuestra lucha, ya que muchos de nuestros hermanos, como lo
demuestra su presencia en las distintas manifestaciones, se han dado cuenta de
que su destino está atado a nuestro destino. Se han dado cuenta de que su
libertad está ligada inextricablemente a nuestra libertad. No podemos caminar
solos. Y a medida que caminemos, debemos hacernos la promesa de que marcharemos
hacia el frente. No podemos volver atrás.
Existen aquellos que preguntan a quienes
apoyan la lucha por nuestros derechos: "¿Cuándo quedarán
satisfechos?" Nunca estaremos satisfechos en tanto el venezolano sea
víctima de los inimaginables horrores de la brutalidad policial. Nunca
estaremos satisfechos en tanto nuestros egresados de las universidades
tradicionales sean discriminados en las empresas públicas. Nunca estaremos
satisfechos en tanto a nuestros enfermos les sea negada medicina por la ineficiencia
del Gobierno. No podemos estar satisfechos y no estaremos satisfechos en tanto
un venezolano de San Cristóbal no pueda tener sus alimentos básicos y un venezolano
en Puerto Ordaz no tenga empleo digno. No, no estamos satisfechos, y no
estaremos satisfechos hasta que la justicia nos caiga como una catarata y el
bien como un torrente.
No olvido que muchos de ustedes han pasado
las pruebas y tribulaciones. Algunos de ustedes son de zonas donde la búsqueda de libertad los ha
dejado golpeados por las tormentas de la persecución y sacudidos por los
vientos de la brutalidad policial. Ustedes son los veteranos del sufrimiento
creativo. Continúen su trabajo con la fe de que el sufrimiento sin recompensa
asegura la redención.
No nos deleitemos en el valle de la
desesperación. Les digo a ustedes hoy, mis amigos, que pese a todas las
dificultades y frustraciones del momento, yo todavía tengo un sueño. Es un
sueño arraigado profundamente en el sueño del Libertador.
Yo tengo un sueño que un día esta nación
se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo, creemos que estas
verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales.
Yo tengo un sueño que un día en la belleza
del valle caraqueño los hijos de los de los demócratas y los hijos de los que
habitan los cerros caraqueños sean capaces de sentarse juntos en la mesa de la
hermandad.
Yo tengo un sueño que mis cuatro hijos
pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por su
pensamiento político sino por el contenido de su carácter.
¡Yo tengo un sueño hoy!
Yo tengo un sueño que un día cada valle
será exaltado, cada colina y montaña será bajada, los sitios escarpados serán
aplanados y los sitios sinuosos serán enderezados, y que la gloria del Señor
será revelada, y toda la carne la verá al unísono.
Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe
con la que lucho día a día. Con esta fe seremos capaces de esculpir de la
montaña de la desesperación una piedra de esperanza.
Con esta fe seremos capaces de transformar
las discordancias de nuestra nación en una hermosa sinfonía de hermandad. Con
esta fe seremos capaces de trabajar juntos, de rezar juntos, de luchar juntos,
de ir a prisión juntos, de luchar por nuestra libertad juntos, con la certeza
de que un día seremos libres.
Este será el día, este será el día en que
todos los niños de Dios serán capaces de cantar con un nuevo significado:
"Mi país, dulce tierra de libertad, sobre ti canto. Tierra donde mis
padres murieron, tierra del orgullo del peregrino, desde cada ladera, dejen
resonar la libertad". Y si Venezuela va a convertirse en una gran nación,
esto debe convertirse en realidad.
Entonces dejen resonar la libertad desde
las prodigiosas cumbres del Ávila. Dejen resonar la libertad desde las grandes
montañas del Táchira. Dejen resonar la libertad desde los Médanos de Coro, dejen
resonar la libertad desde los picos nevados de Mérida. Dejen resonar la
libertad desde del Santo Ángel. Dejen resonar la libertad desde del Orinoco,
dejen resonar la libertad!
Y cuando esto ocurra, cuando dejemos
resonar la libertad, cuando la dejemos resonar desde cada pueblo y cada caserío,
desde cada estado y cada ciudad, seremos capaces de apresurar la llegada de ese
día cuando todos los hijos de Dios, Venezolanos Azules y Venezolanos Rojos,
judíos y gentiles, protestantes y católicos, serán capaces de unir sus manos y
cantar las palabras de un viejo espiritual: "¡Por fin somos libres! ¡Por
fin somos libres! Gracias a Dios todopoderoso, ¡por fin somos libres!"
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